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jueves, 5 de abril de 2007

La hora del arresto de Jesús

El concepto más aceptado es que Jesús fue arrestado en el Getsemaní en la oscuridad de la madrugada. Eso adiciona una o dos horas al período que termina en la cruz a las nueve de la mañana. Pero yo estoy ubicando a Jn 17:1, como a una hora y poco más, antes del amanecer y aún en el monte de los Olivos. Veamos cómo es esto.

El único versículo que da pié a interpretar una hora bastante temprana para el arresto es Jn18:3, cuando menciona “linternas, antorchas, y armas”. Entonces se sugiere que era una hora muy obscura; en oposición a mi interpretación de cierta luz ya en ocasión de 17:1.
Si el Diamartirón tiene como objetivo demostrar que los Evangelios nunca se contradicen entre sí; yo no puedo insinuar que Juan se contradiga a sí mismo. La solución es sencilla: Juan está haciendo un anacronismo literario. ¿Qué es eso? Todo escritor u orador suele cometer anacronismos en la forma en que arma el relato. Por ejemplo: “Mi hija se casó anoche. Al novio lo había conocido hace cinco años.” Evidentemente que la última parte ocurrió primero. Otro anacronismo literario muy patente en los Evangelios, lo hace Lucas en 3:20-21. Obviamente, Jesús fue bautizado antes del arresto del bautista y no después.
Lo cierto es que cuando Judas tomó la compañía de soldados y guardias, estaba aún oscuro, y por eso las linternas y antorchas. Esta salida de la turba; seguramente desde Jerusalén; acorre aún antes de Jn 17:1. La reconstrucción es que Judas los llevó al monte de los Olivos. Era allí hacia dónde se dirigía el Maestro cuando Judas se separa de los discípulos. Seguramente Jesús debió haber descubierto el resplandor de sus luces aún de lejos, y como aún le faltaba orar a Su Padre, gana tiempo pasándose al Getsemaní; al otro lado del Cedrón. (Lo cuál aún no ha ocurrido sinó que me estoy adelantando).
Lo que da a entender 18:2 es que Judas cuando llegó al monte de los Olivos, dedujo fácilmente a dónde habría ido Jesús, pues también sabía del Getsemaní. Pero para cuando Judas y la turba llega finalmente a Jesús, ya no tenían linternas ni antorchas; sinó apenas espadas y palos (Mt 26:47; Mc 14:43). En ese momento aún no había amanecido, pero ya no estaba oscuro, sinó en tinieblas (Lc 22:53; recuerde que las palabras de Jesús siempre coinciden con las circunstancias cuando las pronuncia).

Para definir con cierta exactitud qué hora era, debemos recordar cómo se medía el tiempo entonces. Tanto judíos como romanos dividían a la parte diurna en doce horas, y a la parte nocturna en vigilias. Para los judíos la noche tenía tres vigilias y las horas se contaban solamente desde las primeras luces hasta las últimas luces. No es de amanecer a puesta; sino desde que las estrellas desaparecen hasta que estas vuelven a aparecer. Así, la hora prima comienza antes del amanecer mismo.
Entendiéndolo así, tenemos una buena pista en Mt 26:40 y Mc 14:37. Para cuando Jesús está orando en el Getsemaní, el tiempo ya se contaba en horas y no en vigilias. Naturalmente Jesús no está diciendo 60 minutos ni 3.600 segundos. Pero Jesús se expresa en término de hora. Quizás Jesús comienza a orar cuando el tiempo corría en término de vigilias, pero para cuando tiene que reprochar a Sus discípulos; el tiempo ya se contaba en horas.